La mesa gigante ante la mirada de la niña.
El viejo comandando el almuerzo del domingo, el viejo que era mi abuelo con su damajuana enorme, esposa, hijos y nietos, todos los que seguiriamos en el mundo, al menos siguiendo la lògica del tiempo. El fuego, la parrilla y el aplauso para el asador. Comer, digerir.
La niña digerìa en el jardìn, corriendo a lo largo y a lo ancho de ese terreno tan gigante ante sus ojos. Las lombrices debajo de las macetas, los perros, sus huesos, los rosales y las espinas que mas tarde se sabria.. no solo vivian junto a las rosas.
Los padres cuando eran hèroes.
La familia cuando se juntaba màs seguido, al menos todos los domingos.
El vecino que saludaba al otro lado del muro, los nìsperos del vecino, treparse al àrbol y comerlos, asi como trepamos al gomero hasta que hubo que matarlo porque las raìces levantaban el piso de la casa. Las estufas a leña, el olor a pintura del garagge y trepar a la azotea para jugar con los "coquitos" del pino enorme y forndoso. La abuela a gritos diciendo "bajen! pero que mocosos atrevidos!!!" y entonces los primos cuando eramos niños descostillados de risa...
Finales de año y años nuevos, el àrbol de navidad convertido en una jugueteria con lucecitas de colores, los cumpleaños, bailar afuera, tomar sol en el fondo, chapotear en la psicina plastronic, mirar la tele abajo de la mesa del còmedor y jugar a trepar la colùmna.
Ver quien llegaba con el ruido del portòn para el almuerzo de otro domingo.
La casa de mis abuelos, que fue la casa de muchos, que hoy es la casa de no se quièn, que la hicieron nueva y que sòlo esta en mis recuerdos...
-(Gracias Anibal por la uvita, vos entenderàs)